—¿Y bien? ¿Cómo te fue en el juicio? —inquirió Darius, antes de subir al auto y partir hacia su reunión del grupo de apoyo.
Jolie sonrió de oreja a oreja, mostrándole un brillo de satisfacción y felicidad que lo hizo sentir orgulloso, pero que también aceleró los latidos de su corazón. Sus ojos azules eran tan brillantes, expresivos y sumamente magnéticos que lo atrapaban en una red que le resultaba difícil liberarse.
Ese brillo de satisfacción lo hacía sentir feliz por ella, porque sabían cuan