Ya había pasado una larga semana en la que, tanto Jolie como Darius se dedicaban a ignorarse lo más que pudiesen. Si coincidían en algún lugar de la casa, hacían de cuenta que el otro no existía y evitaban a toda costa quedarse solos. Hablaban lo necesario sobre Loana y sus necesidades, de resto, vivir bajo un mismo techo era por de más de incómodo, demasiado invasivo y confuso.
Jolie estaba sentada en la oficina de mal humor, cansada y estresada. Seguía trabajando en los tres casos, pero solo