El corazón me latía con fuerza en el estómago. La conmoción y el pánico me invadieron mientras permanecía en el oscuro pasillo. No podía quedarme allí parada. El terror a lo desconocido me asfixiaba y necesitaba detenerlo antes de que todo se arruinara.
Agarré con fuerza la fría manija de latón, abrí la pesada puerta del estudio y entré.
La madera crujió con fuerza. Robert y Helen giraron la cabeza hacia mí al instante. El rostro de Robert palideció por completo, sus ojos se abrieron de par en