Nos sirvieron la sopa, con finas volutas de vapor que se retorcían entre nosotros, burlonamente. Nuestra conversación era mínima, casi exclusivamente a cargo de mi madre, quien ofrecía explicaciones sin sentido sobre la decoración y los invitados, y de mi padrastro, que gruñía o respondía con monosílabos al monólogo de mi madre, mientras me lanzaba miradas oscuras y cómplices que me revolvían el estómago.
Entonces, bajo el mantel, lo sentí.
Su pie rozó mi tobillo. Contuve la respiración; la cuc