En el momento en que pisé de nuevo el lado de la academia del puente, la realidad se me vino encima.
Me había quedado, había dejado que Seraphiel me arrastrara a su mundo, que me tocara, que me hiciera olvidar todo lo demás.
Ahora la noche se sentía más pesada y más fría, y los nervios se me asentaron en el estómago como piedra.
Aldric lo sabría.
Siempre lo sabía.
Aunque no lo hubiera visto, lo percibiría. El cambio en mí. El leve aroma de otro reino adherido a mi piel.
Debería regresar a mi do