Yvi
No oigo el ruido de la puerta abriéndose. No veo las sombras que pasan frente a mí. Todo lo que siento, todo lo que percibo, es el calor de Aleksandr, sus manos que me marcan, me controlan. Tengo la sensación de que el mundo exterior ya no existe, que nada importa excepto esta presencia devoradora, este vínculo que tengo con él, por tóxico que sea. El peso de su cuerpo contra el mío es un ancla que me impide huir, un peso que no quiero quitar. Pero, en el fondo de mí, algo ruge, un destello