CAPÍTULO TREINTA

“Robin, tienes que darme mi corbata. Por favor… por favor, cariño.” dijo Jack en voz baja, con el tono más suave que jamás había usado. Lo miré durante demasiado tiempo antes de extender la mano y recoger su corbata para dársela. Enrolló la tela con fuerza alrededor de la muñeca de Mason.

“Ve a mi armario por más corbatas, va a zafarse de esta.” Como si fuera una señal, Mason empezó a sacudir ferozmente la muñeca para soltarse. “Cálmate de una puta vez.” Jack sujetó las muñecas atadas de Mason,
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