TRES MESES DESPUÉS…
Al tercer mes, todos mis seres queridos ya estaban al tanto de la llegada de los trillizos; todos… bueno, excepto el padre. Lindsey y George estaban encantados, nos consiguieron a Lana y a mí un apartamento de cinco habitaciones más cerca del lujoso barrio de Mayfair y exigieron que nos mudáramos de inmediato. Lana protestó con un gesto de enfado, obviamente, los tachó de irracionales y afirmó con vehemencia que faltaban seis meses para que nacieran los bebés. Dicho esto, no