El coche de León se detuvo frente a la mansión.
—Entra y descansa —dijo León sin mirarme. Sus manos seguían en el volante, sus ojos fijos al frente—. Tengo que volver a la oficina. Hay una reunión que no puede aplazarse.
Abrí la puerta y bajé.
—Está bien, León. Ten cuidado en el camino.
Asintió ligeramente. Su coche se alejó dejándome frente a la puerta de la mansión.
Apenas había dado un paso hacia adentro cuando otro coche negro se detuvo detrás de mí. La puerta se abrió. Adrián salió con una