Capítulo 29

El coche de León se detuvo frente a la mansión.

—Entra y descansa —dijo León sin mirarme. Sus manos seguían en el volante, sus ojos fijos al frente—. Tengo que volver a la oficina. Hay una reunión que no puede aplazarse.

Abrí la puerta y bajé.

—Está bien, León. Ten cuidado en el camino.

Asintió ligeramente. Su coche se alejó dejándome frente a la puerta de la mansión.

Apenas había dado un paso hacia adentro cuando otro coche negro se detuvo detrás de mí. La puerta se abrió. Adrián salió con una
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