XXXVII. Larga y eterna espera
La casa a la que nos llevaron no era tan grande como la anterior, pero sí igual de ostentosa. Gritaba lujo y poder por doquier. Era de dos plantas y un jardín que no se podía comparar con el tamaño del bosque que rodeaba toda la propiedad.
Si la anterior casa me había parecido lejana y escondida de la sociedad, esta era mucho más inhóspita. De camino no vi ni una sola propiedad que estuviera cerca así fuese unos cientos de kilómetros. Desde allí todo sería mucho más complicado, por lo que empez