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Sus manos terminaron aferrándose a los hombros de Stefan.

De repente, una voz familiar resonó a lo lejos:

—¡Pequeña Su! ¡Pequeña Su!…

Susan se sobresaltó del susto.

Sin embargo, Stefan reaccionó de inmediato. Bajó la cabeza y la besó profundamente antes de cubrirla con su cuerpo, dándole la espalda a la entrada del callejón para ocultarla.

—¡Pequeña Su! ¡Pequeña Su!…

Hendrix seguía buscándola.

—Qué extraño… ¿adónde fue esta niña tan tarde? Ni siquiera responde mis llamadas ni los mensajes… —mur
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