Juliana se sintió un poco herida por la actitud fría de Stefan. Se mordió el labio y preguntó con cierta timidez:
—Presidente Novak, está borracho. ¿Quiere que le pida a mi conductor que lo lleve de regreso al hotel?
—No, gracias.
Las puertas del ascensor se abrieron y Stefan entró.
Juliana lo siguió. A fin de cuentas, aquel no era el hotel de Stefan, así que él no podía impedirle usar el ascensor.
Ella presionó el botón del primer piso y esperó en silencio.
De pie junto a él, Juliana no podía