Punto de vista de Emily
Y así, sin más, el doctor salió, dejándome sentada allí, congelada.
Ni siquiera recuerdo cómo salí de su oficina. Un minuto estaba llorando frente a él y al siguiente, caminaba por el pasillo con lágrimas corriendo por mis mejillas.
Todo a mi alrededor se sentía como un borrón, desde las paredes blancas hasta el débil pitido de las máquinas en algún lugar del pasillo. Me dolía el pecho y me ardía la garganta por intentar no sollozar demasiado fuerte.
Para cuando llegué a