—¡Si no lo ceden, hoy no saldrá nadie de aquí!
Esta amenaza directa de Lorenzo hizo que los miembros de la junta directiva sudaran de miedo. Habían sido testigos de la crueldad de este muchacho, y sabían muy bien que él solo seguía las ordenes de Yelena.
Después de un largo silencio, Adán le gritó con total renuencia:
—¡Está bien! ¡Se lo cedo! Ahora ¿están entonces contentos?
Luego, tomó más de una hora completar los trámites necesarios. Durante este tiempo, Yelena se despertó lentamente y, aún