Los Silva, al ver que ella estaba dispuesta a cargar con la culpa, no se preocuparon en lo absoluto por la vida de Yelena.
Quimera se rió con gran frialdad:
—Entonces, acércate de inmediato y dejaré ir a todos los demás.
Yelena quiso avanzar en ese instante, pero Lorenzo la detuvo.
—Señorita Silva, ¡no vayas! Ella es una verdadera loca, ¡te asesinará sin dudarlo!
Yelena mordió con suavidad los labios y sacudió la cabeza con total determinación:
—¡No! Debo ir. Si no voy, seguirá asesinándolos. C