Lorenzo subió silenciosamente a la azotea. Observó con gran rapidez a su alrededor y no había nadie, perfecto, de esta manera nadie lo vería atacando con su poder verdadero.
Quimera tenía a Yelena bajo su absoluto control y cuando vio a Lorenzo acercarse, su rostro se tornó frío:
—Lorenzo, ¡lárgate ahora mismo! ¡No te metas en esto!
Yelena también le gritó:
—¡Vete! ¡Es mejor que muera yo sola que todos juntos! ¡Ella me quiere a mí, no tienes nada que ver en esto!
Lorenzo levantó la barbilla sin