—¿Quieres competir conmigo?
Al oír esto, Iñigo se rió como si en ese instante hubiera escuchado el chiste más gracioso del mundo.
Los demás de la Cuchilla Sangrienta tampoco pudieron contenerse, riéndose a carcajadas:
—¡Qué ignorancia...!
—Competir con el revólver, no sabe lo fuerte que es nuestro jefe en esto.
—En los casinos subterráneos, es el rey de las armas, un hombre al que ni la muerte se atreve a llevarse. ¿De dónde saca este muchacho el suficiente valor para competir con él?
Las risas