La sonrisa de Yasmina se desvaneció al instante, dejando un rastro de desprecio total en la comisura de sus labios.
—Pablo, ¿quién te crees que eres? ¿Acaso piensas que eres digno para colaborar conmigo? Además, ¿necesito que me digas en realidad que debo hacer? ¿O has olvidado que soy más fuerte que tú?
Al otro lado del teléfono, Pablo, al escuchar esas palabras, sintió una fuerte oleada de ira subir por su frente, pero la reprimió en ese momento y le dijo con fuerza:
—Yasmina, si no matas a e