—¿Qué sucede? ¿El ilustre de la familia Reyes aún se atreve a amenazar a una indefensa y pobre mujer como yo?
Yelena se puso de inmediato los tacones altos y levantó la barbilla con gran orgullo: —Me voy. Si tienes agallas, ¡intenta detenerme!
Dicho eso, se torneó y empujó la puerta. Pero al instante, una fuerza violenta la lanzó con fuerza por los aires. Yelena cayó al suelo en el acto, sintiendo un dolor que la dejó sin capacidad de movimiento. Su rostro su puso totalmente pálido, y le dijo: —