¡Esas palabras desataron una gran tormenta de opiniones! La gente comenzó a discutir de inmediato. El dueño del puesto quedó perplejo, con una mirada de culpabilidad parpadeando en sus ojos. Luego, con una expresión feroz, miró a Lorenzo y dijo: —¿Quién diablos eres? ¡Si no compras, lárgate! ¡Hablar sin sentido te costará la vida!
Lorenzo respondió con calma: —Solo estoy dando una sugerencia, crean o no, eso es asunto de ustedes. Tienen libertad para decidir.
El hombre calvo, al observar a Loren