—Así que, desde el principio ¡has estado tendiéndome una trampa, verdad!
La expresión facial de Bruno se retorció, enfurecido al instante.
—¿Y qué esperabas? Pensé que para la tercera vez ya lo habrías descubierto, ¡pero en realidad, qué ingenuo eres! —dijo Irene con total arrogancia, frunciendo el ceño.
—¡En mi territorio, intentar atacar a mi Lorenzo, es como tener el valor de un león! Te dejé a ti y a algunos de tu familia con vida, ¡pero eso es por el dinero que gastaste en el bar!
Lucía que