La psicóloga se llamaba Dra. Ferrer.
Se lo había preguntado a Carolina, que conocía a media ciudad profesional y que tenía la capacidad específica de recomendar a alguien sin convertir la recomendación en un comentario sobre la persona que la recibía. Carolina había mandado el nombre por mensaje con el número de teléfono y nada más, que era exactamente lo que yo necesitaba.
Llamé un lunes por la mañana.
La primera cita fue el jueves siguiente, a las cuatro de la tarde, en un despacho en el cuar