Enzo murió un jueves por la mañana.
Sin dramatismo. Sin la urgencia de los finales que requieren que todos lleguen corriendo. Con la quietud específica de quien ha hecho lo que tenía que hacer y que ha llegado al punto donde el cuerpo decide que es suficiente.
La enfermera que lo acompañaba en las mañanas lo encontró dormido con un libro abierto sobre el pecho y el tipo de quietud que no es la de quien duerme.
Valentino recibió la llamada a las nueve de la mañana.
Estaba en el desayuno con los