—Ezequiel, ¿de qué estás hablando?— Ulises frunció el ceño, su tono se volvió serio. —Aurora ha bebido demasiado, la estoy llevando a casa.
—Así que es mi esposa, entonces no te molestes.
Ezequiel inclinó la cabeza, sus dedos rozaron suavemente la comisura de los labios. Sus ojos adquirieron gradualmente un tono frío en la penumbra, pero sonrió mientras extendía la mano para tomar a Aurora a su lado.
—Mi querida esposa, dejaré que te lleve.
Al escuchar las palabras “mi esposa”, Aurora pareció d