Yacía sobre el pecho de Val, nuestra respiración había tardado varios minutos en volver a la normalidad, me era interesante el notar como me tranquilizaba el extraño sonido del las olas y el latir del corazón del hombre que se la pasaba acariciándome de los brazos a los hombros una y otra vez
—¿Me perteneces Hannah? —preguntó Val, levante la vista y lo encontré contemplando un manto perfectamente negro con un millar de destellos como hermosos diamantes
Estaba exhausta, sin embargo algo de todo