Mundo ficciónIniciar sesiónKaterine saltó tan rápido que logró no solo sorprender a la persona tras la puerta y a ella misma, sino también al hombre de las leyendas que la miraba tenso. Ella tuvo que reprimir un gemido dolorido por el golpe de su hombro contra la madera.
—¿Qué rayos, Katerine?
Se obligó a ignorar el dolor para poder responder: — Estoy desnuda, Cole, lo siento.
Miró hacia Ean y sus ojos de tormenta, se veía t







