Anna estaba sentada en la sala, con la mirada fija en el diario que descansaba a medio terminar entre sus manos. Había planeado pasar el día sin hacer absolutamente nada, simplemente descansando, libre de cualquier obligación. Pero la realidad parecía empeñada en llevarle la contraria. Su mente no encontraba calma. Casi sin darse cuenta, sus dedos siguieron deslizándose sobre el papel, escribiendo una línea tras otra, como si trabajar fuera la única manera de mantenerse en pie.
Mientras estaba