Se encontraron en el hall de la suite que compartían.
Los dos se quedaron babeando el uno por el otro.
Charly estaba con un esmoquin a medida, esos ojos claros que parecían un poema, la sonrisa perfecta, el cabello, tal vez un poco despeinado, que le daba ese aire de ganador, con su físico imponente, sabiéndose seductor solo con su presencia.
Por su lado, Barbie, estaba que rajaba la tierra, tenía un vestido rojo sangre, escotado, con unas finas tiras de strass que hacían de breteles, ajustado,