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Y me estoy aferrando a la vida. No voy a mirar hacia abajo, no voy a abrir mis ojos, mantenga mi copa llena hasta la mañana.

— Sia, Chandelier.

K E E G A N

Todos estábamos en nuestro puesto. Federico estaba frente a frente con la sabandija de nuestro hermanastro.

Con la rejilla de freír de cocinero de segunda que llevaba, el traje de camarero del muchacho en paños menores del contenedor y ese bigote de Dalí, que había c

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