El constante pitido del monitor cardíaco llenaba la sala del hospital, frío y repetitivo contra el silencio sofocante.
Elena estaba sentada junto a la cama de su padre, con los brazos cruzados con fuerza mientras miraba al suelo. El agotamiento se le pegaba como una segunda piel. La reunión del consejo, las acusaciones, su padre colapsando frente a ella… todo se repetía sin descanso en su mente.
La puerta se abrió de repente.
Marcus entró, ligeramente sin aliento, con el rostro lleno de culpa e