MAYA
Me re-coloco la toga por decimoséptima vez. Estoy nerviosa. Intento quedarme la última del mogollón para esperar un poco más. Al final se hace inevitable tener que entrar al estadio.
—¿Es que esperas a alguien en especial? —La pregunta de mi madre me pilla de puntillas, estirando el cuello sobre la gente— ¿Tú sabes algo de esto?
Mary, que lleva sospechando desde que no me despego del teléfono, se encoge de hombros.
—Creo que no.
Yo creo que sí. Ha visto que mi teléfono es cómo el suyo y ha