—¿Y cómo lo explicarías?
—Pues diciendo que no hay nada entre nosotros, que ni tú te acostaste conmigo ni yo contigo.
—Si vas a explicar eso, ¿no parecería que estás dando excusas que nadie pidió?
—Esto... —me desmoroné, más avergonzada que nunca—. ¿Entonces qué hacemos?
Mientras nos quebrábamos la cabeza, una voz llegó: —Lucas, dicen que saliste especialmente a recibir a una invitada importante. ¿Qué señorita merece tanta atención?
Miré hacia la voz y vi acercarse a un hombre alto y distinguido