—Sí. Si no me crees, puedes ir a ver a la cocina.
—No, no, le creo completamente. Es solo que la señora Montero es demasiado buena conmigo, sinceramente me siento abrumada —no exageraba, realmente me sentía así.
No podía entender por qué los distinguidos Montero, especialmente la importante señora Montero, eran tan amables con una simple modista como yo.
Aunque le gustara mi trabajo, con el poder de los Montero podrían contratar a innumerables diseñadores mejores que yo.
—No te pongas nerviosa,