—Bien, si dices que hay algo entre nosotros, entonces que así sea. ¿Tú puedes tener una aventura y yo no puedo tener un amante? —le seguí el juego para provocarlo.
Antonio se quedó sin palabras, mirándome con los ojos muy abiertos, respirando agitadamente.
Después de un momento, habló con rencor: —Con razón no quieres reconsiderar las cosas, no importa cuánto me disculpe o intente arreglarlo... Resulta que encontraste algo mejor. Cuando Isabel lo dijo, no le creí... María, qué decepción, nunca p