—Lucas lo llevó al pabellón del abuelo para que conozca a su bisabuelo —dije.
—Oh, ¿por qué no fuiste tú también?
—Temía hacer enfadar al anciano —respondí con una sonrisa tímida—. Después de todo, tuve al niño a escondidas de todos ustedes.
Mencionando esto, tomé las manos de Mariana y pregunté directamente: —¿Sabes qué opinan tus padres de todo esto? Para ser sincera, estoy muy nerviosa, pero tu madre parece...
—¡Ay, qué van a opinar! —Mariana me dio una palmadita en la mano y me llevó a senta