El teléfono sonó con las súplicas desesperadas de Carmen al otro lado.
Llena de recelo, pregunté sin mucho interés: —¿Dónde están? ¿No se lo había llevado la policía para interrogarlo sobre el caso de los Martínez?
—Está gravemente enfermo, la policía lo dejó ir después del interrogatorio.
—Si ya estaba hospitalizado, ¿cómo es que de repente entró en coma?
—Ay... —Carmen sollozó—. Todo es por culpa de Sergio, ese maldito Antonio lo incriminó y ha arruinado a Sergio...
Comprendí la situación.
La