Anoche, después de tomar la decisión, planifiqué meticulosamente todos los detalles. Para demostrar mi sinceridad, estaba dispuesta a dar mi empresa como garantía.
Cuando le pasé los documentos, Lucas ni siquiera los miró y me los devolvió con un gesto.
—No es necesario. Te presto el dinero sin necesidad de que la empresa sea garantía, ni hace falta notario. Solo págame cuando puedas.
Me quedé boquiabierta, y no atine a decir nada, pero después de un momento pregunté incrédula: —¿Confías tanto e