Si no hubiera presenciado su aspecto intimidante momentos antes, jamás habría imaginado que esta misma persona acababa de mostrarse como una deidad implacable.
—Señor Montero, es muy amable, lamento interrumpir su trabajo —respondí instintivamente usando un tono formal, consciente nuevamente de la enorme distancia que nos separaba.
Jimmy entró conmigo, se acercó al escritorio y recogió con agilidad los documentos esparcidos por el suelo, los ordenó rápidamente y salió.
Me hice la desentendida, f