Me ruboricé cuando todos empezaron a bromear conmigo, y lancé una mirada enojada a Lucas.
Lucas, con toda naturalidad, me rodeó los hombros con su brazo y les dijo a todos: —Los boletos de regreso corren por mi cuenta, todos en primera clase.
—¡Wow! ¡Gracias señor Montero!
—¡Gracias señor Montero y señorita Navarro!
Después de las aclamaciones, todos se susurraron entre sí: —Vamos, vamos a pasar por seguridad, no hagamos mal tercio.
Me sentí incómoda quedándome allí para seguir siendo melosa, as