—Está bien, entiendo —respondió finalmente, mientras me acariciaba la cabeza—. Aunque fuera a buscarlo, sería por ti, así que no sería un desperdicio de tiempo ni energía.
Me quedé sorprendida, levantando la mirada hacia él mientras una calidez me invadía por dentro.
Siempre tenía una forma tan particular de ver las cosas, y además era muy convincente.
—Mejor no —murmuré—. A ese tipo de personas es mejor ignorarlas.
—De acuerdo, como tú digas.
Nos quedamos mirándonos fijamente, sin decir palabra