Lo miré sintiendo un calor ardiente en el pecho y sin poder contenerme le dije:
—Pero me dolería más que tú recibieras esas críticas.
Después de decir esto, volví a mirar por la ventana.
Avergonzada, no me atrevía a mirarlo.
Pero él se acercó, abrazándome por detrás e inclinándose para susurrar en mi oído:
—Con solo escuchar eso, todo ha valido la pena.
Sonreí sin decir nada, con una sensación indescriptible en el corazón.
Durante el camino a casa, seguía emocionada.
Sofía me había enviado mucho