—Tía... no... —intenté interrumpir el tema, pero Lucas se me adelantó.
—Señora, estoy cortejando a María, aunque ella aún no me ha dado una respuesta. Estos días he podido cuidarla debido a su lesión —respondió con franqueza.
Me quedé paralizada, sintiendo que ardía de vergüenza.
En menos de un día, había experimentado la franqueza directa de mi mejor amiga y ahora la valiente declaración de amor de Lucas.
Ninguno pidió mi permiso, avanzando sin considerar si podía manejar la situación.
Mi tía y