Titubeó un poco y sonrió con cautela:
—¿Sería posible bajar un poco el precio total? Es que realmente no tenemos tanto dinero.
Tal como lo había previsto.
Mientras conducía, manejé la situación con soltura:
—Tía, mi situación también es muy difícil, debo 30 millones afuera, no puedo dormir de la preocupación, tengo ansiedad, se me cae el pelo a mechones. Mira que hasta trabajo horas extra los fines de semana, la presión es tanta que no me atrevo ni a descansar.
Ya había aprendido a entender la n