—Entonces siéntate tú en medio, yo tengo que bajar pronto, me conviene estar junto a la puerta —me giré y la empujé delante de mí.
Pero Mariana, ágil, se retorció y quedó detrás de mí: —¡Yo no me siento con Lucas! ¡Me va a regañar! Mejor me siento al lado, más tranquila.
El auto llevaba varios minutos parado, y nosotras aquí dando vueltas y empujándonos, era ridículo.
No tuve más remedio que subir y sentarme en medio.
La fragancia de Lucas me envolvió, fresca, rica y distinguida. Tragué saliva i