—¡No me voy! ¡Quiero ver su patética cara cuando esté arruinada! Antes me arrodillé suplicándole por Isabel y ni se inmutó. ¡Hoy haré que se arrodille y me suplique! ¡Si no, la enviaré a prisión!
La puerta se abrió de golpe mientras entraba con una risa fría:
—Arrodillarse es para honrar a los muertos. ¿Acaso mi madrastra ha decidido generosamente morir hoy para acompañar a tu querida hija?
El golpe de la puerta contra la pared los sobresaltó a ambos.
Al verme, el rostro asustado de Carmen se tr