Subí al auto y llamé directamente a Mariano.
No contestó ni la primera ni la segunda vez.
Seguí insistiendo y a la tercera por fin respondió.
—¡Estoy ocupado! ¿Qué quieres? —contestó Mariano muy irritado.
—¿Ocupado con qué? ¿Acaso también te llevó la agencia tributaria? —fui directo al grano.
Mariano se quedó callado un momento, luego fingió ignorancia:
—¿De qué hablas?
—Ja... —me reí fríamente, sabiendo que era imposible que no supiera de mi detención esa mañana.
—Mariano, me has perjudicado gr