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2. Una traición de sangre

-perdón, no te vi – dijo Emma y retrocedió

-¿de verdad vas a casarte con mi primo? – le soltó el

-por qué no lo haría, estamos juntos hace un año – respondió ella, a la defensiva, ante tan directa manera de preguntar

-entonces creo que es mi obligación moral, mostrarte algo –

-perdón, no te estoy entendiendo – pero Gabriel ya estaba caminando por el pasillo, solo se detuvo e hizo un gesto para que lo siguiera

Los pasillos estaban en silencio, el único ruido eran sus pisadas, y las gotas de lluvia golpeando una ventana, llegaron al despacho donde ella vio a Bruno y su hermana más temprano.

-aquí no hay nada, no se a que estás jugando así que me voy – ni bien dio un paso, Gabriel la detuvo

-ya casi están aquí – Emma quería preguntarle quien, pero Gabriel la jalo hacia el closet, donde guardaban los abrigos, le empujo dentro, y se metió tras ella, para después cerrar la puerta

-¿Qué te pa…? - antes de que pudiera terminar de hablar él le tapo la boca

-shhh, cállate y observa, esto es lo que quería mostrarte – la puerta del closet quedaba entreabierta, lo suficiente para ver al exterior, en eso se abrió la puerta, y los vio, su hermana y su prometido estaban ahí.

-¿de verdad vas a casarte con la mustia de mi hermana?, ¿Qué hay de mi?, ¿de nosotros? - se quejo Débora

-lo siento bebé, tus padres solo harán la inversión, si me caso con tu hermana, ella es la mayor, y es parte de su herencia – escuchar a su prometido decirle bebé, a su hermana, le revolvió el estomago, quería salir del armario, pero Gabriel, la sostenía firmemente por la cintura, las lagrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, en silencio  

- si yo voy a ahora y le cuento a mi querida hermanita lo que ha estado pasando entre nosotros, seguro ya no hay boda – Bruno retuvo a Débora y la sentó en el escritorio

-por favor bebé, ya sabes que aunque me case con tu hermana, tu serás la única, te prometí que no la tocaría, y no lo he hecho, ella se creyó el cuento de que quiero esperar hasta el matrimonio, aunque me case con ella, y cumpla con mi deber conyugal, tú seras la única mujer de mi vida – Bruno beso a su hermana, y esta le correspondió en el acto, verlos tener sexo sobre el escritorio, no solo le estaba destrozando el corazón, también le revolvía el estomago.

-ya no quiero ver – le dijo a Gabriel, y este le tapo los ojos, para después darle la vuelta abrazarla, y dejarla sollozar sobre su pecho.

A Emma le sorprendió de sobre manera el hecho de que alguien tan frio como Gabriel, quien siempre era pintado como un villano, por su prometido pudiera ser tan cálido. 

Emma y Gabriel salieron del armario, cuando Débora y Bruno se fueron, Emma se dejo caer en el sofá, mientras intentaba arreglar sus lentes, en algún momento se le cayeron y Gabriel los piso, así que no podía ver muy bien que era lo que él estaba haciendo.

Gabriel vino y se sentó a su lado dándole un vaso, ella no sabía muy bien que contenía, pero le dio un trago, solo para después atragantarse, pues era whisky, después de un trago, se lo devolvió.

-perdón por romper tus lentes, voy a pagártelos – se disculpo Gabriel

-descuida, tal vez ya era momento de cambiarlos, además estos fueron un regalo de Débora, ya no quiero nada de ella –

-vaya eso me deja claro que ella te detesta, esos lentes no te van para nada – Emma volteo a verlo, pero sus ojos llorosos, y la falta de sus lentes, se lo impedían

Gabriel estiro la mano, y le limpio las lagrimas, con el dorso de la mano – deberías hacerte cirugía, te vez mejor sin lentes –

-me siento bastante patética ahora, me creí cuando me dijo que quería esperar hasta el matrimonio y en realidad era que no quería tocarme, soy una idiota por estar todo este tiempo esperándolo –

-creo que te habrías sentido más patética si hubiera dormido con él, y ahora supieras esto –

-tienes razón, por cierto no sabía que fueras tan buena persona, Bruno siempre habla mal de ti –

-no soy una buena persona, tengo mis propias razones para hacer esto, mi primo no es mi persona favorita, siempre voy buscar como vengarme de él –

-sabes, hay una manera de vengarte de él, que aunque él no llegara a saberlo, sería bastante satisfactorio para ti –

-¿a qué te refieres? Explícate –

-bueno, no crees que si tú fueras mi primera vez, mientras sigo comprometida con él, seria la venganza perfecta no crees, el no tiene que saberlo –

-¿no crees que te estás dejando llevar por tus sentimientos, y la situación del momento? –

-¿tu también crees que soy sosa, o que no soy bonita? no tienes que decirlo, se nota en tu cara – Gabriel solo se rio en respuesta

-no creo que puedas ver mi cara ahora, no sin lentes, además eres bonita solo usas el atuendo equivocado –

Emma se puso de pie, y se dirigió hacia la salida, Gabriel la detuvo contra la puerta - ¿estás segura de que no vas a cambiar de opinión? – pregunto poniéndole el seguro a la puerta, Emma solo asintió, y Gabriel la beso

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