Prohibida

El alcalde tragó saliva con dificultad.

—S-sí. Yo seré testigo. —Luego se volvió hacia la señora Sullivan—. Ya la escuchó. Si insiste en revisar el bolso, acepta sus condiciones.

—Bien. Acepto.

La señora Sullivan no dudó ni un segundo.

Después de todo, el anillo ya estaba dentro del bolso.

¿Qué importaban las exigencias de Leticia?

Ingenua.

Los

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