Mientras se terminaba de cocinar la comida, ella se fue a poner hermosa para esperar a su amado. Había comprado dos botellas de vino, era fin de semana y ya mañana no trabajarían, no importaba si se pasaban de copas.
Media hora después todo estaba listo. Eran las siete de la noche pero ella sabía que ese día su marido se tardaba por asuntos de la empresa, así que, no era de extrañar que todavía no llegara.
El timbre de la puerta principal sonó. Melissa sonrió, acomodó su cabello rizado y caminó