El corazón de Adeline subía y bajaba en su pecho sin control, a medida que las manos de Mauricio presionaban su piel, intentando crear una atmósfera erótica, una que, lamentablemente, no parecía aparecer.
«¿Por qué no me puedo relajar?», se preguntaba sin entender.
Era una mujer adulta, no debería sentir esto como un trauma. Pero no dejaba de sentirse incómoda en su propia piel. Sabía que su figura no estaba precisamente en forma y no sabía que esperaba Mauricio encontrar debajo de sus ropas.